
“Nosotros nos metimos al programa de sustitución para erradicar la coca, y porque aquí para invertir en un proyecto se necesita plata. Necesitamos que nos ayuden, mis hijos están en el colegio y yo no tengo con qué”
Son las palabras iniciales que nos dice José*, un usuario del PNIS que vive en un consejo comunitario de Tumaco.
“Nosotros aquí no tenemos salida, la yuca se pudre, no tenemos comercialización, nadie nos compra”
Afirma Emilse*, quien también hace parte del PNIS y reclama que el programa no ha cumplido sus promesas.


Tiempo atrás, José alcanzó a cultivar una hectárea coca. Sin embargo, no tuvo mucha suerte, pronto vino el ejército y se la erradicó. “Apenas alcancé a hacer dos cosechas, yo estaba en el predio cuando llegó el ejército”.

Emilse a pesar de que nunca ha sembrado coca, reconoce los impactos que ha tenido ese cultivo sobre su territorio. Antes los veteranos, como dice ella, cultivaban cacao, la yuca, la chilma, el chontaduro, el verde (el plátano), la madera, se vivían de esos productos. José complementa: “antes estos productos ilícitos no habían, llegaron hace un poco de años”.
Lo peor de la coca, nos cuentan, fue cuando llegó la fumigación. Las aspersiones acabaron con todo, con los cultivos, con los animales y con la salud de las personas, como recuerda Emilse en el siguiente fragmento.
Ante la situación de crisis que habían dejado las erradicaciones forzadas, ambos confiaron en las promesas del programa, esperando un mejor futuro. “Aquí no llegaron con la asistencia alimentaria, no llegaron con nada”, comenta José. Emilse nos dice que la gente estaba esperando mucho más con el programa, pero que terminó siendo muy malo para las comunidades, “hemos recibido un trato que no merecíamos”.
Ante el sistemático incumplimiento, las comunidades no se han quedado con las manos cruzadas. Nos cuenta José y Emilse que en su vereda, por iniciativa propia de las personas, cansadas de esperar los recursos del PNIS, se propusieron sembrar un cultivo de cacao como se aprecia en las fotografías.





Además, Emilse dice que le gustaría en su vereda retomar uno de sus más grandes gustos: la panadería. En años anteriores, ella trabajaba en San Lorenzo, en Ecuador, haciendo dulces, trabajando en el pastillaje de las tortas. Pero este tipo de oficio es muy difícil en esta zona de Tumaco, que no cuenta con energía eléctrica estable. “La energía se va cada dos horas”. La energía eléctrica daría la oportunidad a las personas en la vereda de montar sus negocios, de hacer realidad sus pequeños proyectos y apartarlos de la economía ilícita. La energía eléctrica es una oportunidad para el tránsito hacia la legalidad.
*Nombre cambiado por motivos de seguridad